La Cárcel Espiritual
En la cárcel espiritual se encuentran las personas que no tuvieron la oportunidad de escuchar el Evangelio sobre esta tierra. Estos espíritus tienen la misma responsabilidad de escoger entre el bien y el mal, es decir, que si estos espíritus escogen aceptar el Evangelio y las ordenanzas que han sido efectuadas por ellos, podrán pasar de la Cárcel Espiritual al Paraíso.
También en la Cárcel Espiritual se encuentran los que escucharon el Evangelio y lo rechazaron. A este lugar a menudo se le refiere como el "hades" o "el infierno" en las escrituras. En la Biblia habla de Lázaro y el Rico; cuando el rico muere el pasaje explica “Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno”(Lucas 16:23.) Esta misma parábola explica que el rico no puede salir del tormento porque rechazó el Evangelio, y no escuchó a “Moisés y a los profetas.” Este tormento viene a causa del rechazo del sacrificio expiatorio de Jesucristo y del dolor de los pecados de la persona.
“Porque he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan, si se arrepienten; mas si no se arrepienten, tendrán que padecer así como yo; padecimiento que hizo que yo, Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu” (D. y C. 19:16–18). Después que ellos sufran plenamente por sus pecados, se les permitirá heredar el menor grado de gloria, que es el reino telestial. La Doctrina Mormona enseña que este infierno en el mundo de los espíritus no seguirá para siempre; aun los espíritus que hayan cometido los pecados más graves habrán sufrido lo suficiente al terminar el Milenio (Hechos 2:25–27); luego serán resucitados.
El primer Profeta Mormón José Smith declaró que los espíritus de las personas justas que han muerto “…no se hallan lejos de nosotros, y quizás conocen y entienden nuestros pensamientos, sentimientos y movimientos, y a veces se afligen por ellos”. Debido a esto, los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (o Mormones), por esta, y otras revelaciones de nuestros profetas, creemos que nuestros seres queridos que han muerto no se encuentran lejos de nosotros y talvez estén esperando que hagamos las ordenanzas por ellos, tal como el bautismo vicario en el Templo.
Dios es nuestro Padre Eterno, y Su plan es eterno. La gran bondad de Dios permite que esta vida no sea lo único que tenemos. Es un alivio y una alegría saber que nuestros seres queridos muertos se encuentran cerca de nosotros y que seremos reunidos con ellos otra vez al hacer las ordenanzas necesarias en los Templos.
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